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El paralítico de Betesda

Jn5:1-15

Nos dice este pasaje que había una multitud de enfermos. Cada día, al salir a la calle nos sumergimos en una multitud. Es esa especie de "jungla" donde hay que luchar para sobrevivir. Donde prima el egoísmo, donde nadie se interesa por lo de los demás. Donde cada uno lucha por llegar primero, por no perder el turno o quizá arrebatárselo a otro. Ya sea en un hospital, una escuela, una estación de ferrocarril o una empresa, ahí está la ley de la jungla: los más débiles pierden. Esa maraña humana, se mueve, corre, empuja, arrebata y arrastra a los hombres y las mujeres en la carrera desenfrenada de esta "vida". Pero aunque físicamente la multitud está viva, en realidad espiritualmente, al igual que la multitud de nuestro relato bíblico, está postrada, enferma y paralizada. Postrados los hombres, las mujeres, los jóvenes a causa de la enfermedad del alma; a causa de la ceguera del corazón y la parálisis del espíritu. Esa multitud que espera, a ver si la ciencia o la religión; si el dinero o el placer o el "éxito" pueden librarla de la postración. Dar a sus almas paz; esa tranquilidad que no viene por las píldoras, ni por el cansancio del esfuerzo físico, ni por el alcohol, ni por una cuenta en el banco. Esa alegría genuina que viene de los pensamientos puros, de las cosas sencillas, de la vida transparente de una vida libre de temores porque el alma confía en Dios, espera en Dios y vive en compañerismo con Dios.

En el (vers 4) vemos el caso de este hombre que no podía correr. El no podía llegar primero. Nos dice el vers 5 que hacía 38 años que estaba enfermo. Quizá es un caso parecido al tuyo o la mío, porque hace mucho que sufre, mucho que busca y mucho que espera. Porque está solo, porque no tiene quien le ayude. Porque no tiene fuerzas para andar.

Nos dice el vers 6, que Jesús lo vio. El Señor siempre nos ve... El vio a Natanael debajo de la higuera y supo que allí había un verdadero israelita. Él vio a Zaqueo escondido entre las ramas del árbol. Él vio la avaricia en el corazón del joven rico. El vio la moneda en el vientre del pez y vio los cinco maridos de la mujer samaritana (Jn 4). El Señor vio la angustia de este paralítico; vio que hacía 38 años que estaba enfermo; vio el pecado que había en su vida; es el pecado mucho peor que la parálisis del cuerpo. ¡ Cuántos hoy se niegan a reconocer que hay pecado en sus vidas...! Es el pecado lo que arruina las vidas de los seres humanos. Es lo que roba la felicidad, lo que aplasta al alma haciéndola gemir de dolor. ¡ Cuántos viven huyendo de sus pecados toda una vida! Y no lo quieren reconocer. ¡ Cuántas almas hay hoy en el infierno por no haber querido reconocer que en su vida había pecado! Dice la Biblia que nadie podrá entrar al cielo a menos que sus pecados sean limpiados y borrados por la sangre de Cristo. Dice en Romanos: "3: 22 Esta es la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo para todos los que creen. Pues no hay distinción; 23 porque todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios," y también nos dice la Biblia que el pecado de los hombres y mujeres es la causa de que exista la muerte y la enfermedad y tantas calamidades sobre la raza humana: "12 Por esta razón, así como el pecado entró en el mundo por medio de un solo hombre y la muerte por medio del pecado, así también la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron." Romanos 5:12.

Después que Jesús vio y supo lo que había en aquel hombre, le hizo esa pregunta crucial y tremenda: ¿Quieres Ser sano? Aquel hombre empezó a dudar. Comenzó a ver los viejos obstáculos que le impedían ser sano. Empezó a argumentar las razones por las que no podría ser, en lugar de ver que delante de él estaba el Hijo de Dios preguntándole: ¿Quieres ser sano? Todo el poder que fue capaz de crear el universo estaba allí enfrente suyo para hacer aquel milagro tan sencillo.

Quizá tu también estés haciendo lo mismo en cuanto a la salud del alma y la vida eterna. Quizá estés tratando de salvarte a ti mismo por algún método humano, o por algún o mecanismo, invento de la religión. De llegar al cielo por tu propio esfuerzo, por tus propias "buenas obras" y no estés viendo a Jesucristo, que frente a ti, te dice: ¿Quieres?, ¿Quieres ser limpiado de tus pecados, de tu orgullo, de tu envidia, de tu incredulidad? Si tu quieres no hay nada que lo pueda impedir, ya que Dios tiene todo el poder para hacerlo. La verdadera batalla, está ahí: en el querer. ¿Quieres de verdad?, ¿Quieres la vida eterna?, ¿Quieres que Cristo te quite todo pecado?, ¿Quieres abandonar la tradición, la religión de tus antepasados o lo que sea, que se interponga entre tu alma y Cristo? ¿Quieres entrar al cielo?. Dice en el vers. 24 de este mismo capítulo: "de cierto, de cierto os digo: el que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida". ¿Quieres?

Todas las religiones (aún el ateísmo) son las escaleras que los hombres construyen para tratar de llegar al cielo (o "un mundo mejor") y alcanzar a Dios. Pero nunca lo logran. El cristianismo verdadero, es la escalera de Dios que bajó del cielo para que los hombres puedan volver a Él. No es una religión sino una relación verdadera de amistad y compañerismo entre el hombre y Dios solo lograda en la base de la obra de rescate hecha por Jesucristo en la cruz. Él y solo Él es el camino para volver a Dios (Jn 14.6) Él y solo Él es el mediador capaz de reconciliar al hombre pecador con un Dios Santo (1Tim 2:5).

Dice el vers 8 que el Señor le dijo a aquel hombre: ¡Levántate! Le parecería al paralítico algo imposible, extraño, ilógico. Él era un paralítico... Pero era la voz de Cristo. La misma voz que dijo en medio de las tinieblas: "¡Hágase la luz!" ¡Y la luz se hizo! ; la misma voz que dijo a Lázaro después de cuatro días de muerto: ¡Lázaro, ven fuera! , ¡Y el que había estado muerto resucitó!. El te llama hoy, te dice levántate y anda! Vive! ¿Quieres? ¿Obedecerás? O serás mas frío que Lázaro, más sordo que un muerto?. Él, Dios, te llama. ¿Acaso las circunstancias de tu vida, no te lo dicen también?. ¿Acaso tu alma, dentro de ti, esa alma inmortal, no clama también?. ¿ No dice: paz? . ¿No dice: quiero vivir de verdad? .

Como conclusión, podemos decir que toda esa multitud miraba al estanque para ver si podía alcanzar las migajas de gracia que allí se ofrecían y no vio a Dios que estaba muy cerca de ellos con un torrente de gracia y amor. ¿Que estás mirando tú? . Dice Dios en Isaías 45:22 "¡Mirad a mí y sed salvos, todos los confines de la tierra! Porque yo soy Dios, y no hay otro."

Confiesa tus pecados a Dios y en tu corazón dile: "Creo Señor... te acepto, te recibo como mi único y suficiente Salvador" Amén.

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